Spain is different

Miedo me da vivir en un país donde el poder judicial no es capaz de sacar a un chaval de 20 años donde está el cuerpo de la chica a la que confesó que mató.

Pavor me dará criar a unos hijos donde el poder de la Iglesia equipara la homosexualidad a la pederastia predicando religión sin confesar sus propios pecados.

Vergüenza me da estar en un país donde los políticos corrompen sin que el posible futuro presidente del país, cabeza de su grupo, los apunte como culpables.

Asco me da ver cómo el máximo poder judicial acepta querellas de grupos falangistas contra un juez que quiere investigar, dándoles voz cuando no debían tener ni voto.

Dicen que la juventud no tiene principios, pero aún no se han dado cuenta de lo que no tenemos son ejemplos directos que seguir.

¿Colaboramos?

¿Aportamos nuestra colaboración para que en la medida de nuestras posibilidades funcione la cooperación ciudadana para la calidad de vida de la ciudad? Yo estoy segura de que no, sobre todo en cuestiones de limpieza, respeto a las normas de circulación y al descanso de nuestros conciudadanos, sin olvidar el comportamiento en los medios de transporte públicos, en los hospitales y en los establecimientos de índoles comerciales y públicos.


Por poner algunos ejemplos, puedo empezar por los que dejan las bolsas de basura junto a los contenedores en lugar de echarlas dentro, seguir con los que cruzan las calles fuera del paso de peatones o con los semáforos en rojo, continuar con aquellos que acuden a los hospitales en grupo para visitar a los familiares y no respetan al enfermo que hay en la cama contigua que probablemente pretenda descansar, recordar las personas que no respetan las colas de los autobuses y ventanillas públicas, acordarnos de los que no ceden los asientos a las personas impedidas o con determinados problemas físicos, extenderme con los fumadores que no respetan los espacios cerrados donde hay niños y personas con padecimientos pulmonares, y terminar con los que su forma de vida está compuesta de chillar y formar escándalo amén de poner la música de tal manera que los vecinos no puedan descansar.


De qué sirve que nos llamemos europeos y nos digan que somos la novena potencia mundial si luego nuestro comportamiento adolece los mínimos elementos cívicos de convivencia ciudadana. Hasta cuándo nos vamos a dejar de mirarnos el ombligo y pensar que somos los mejores del mundo cuando la realidad manifiesta deja mucho que desear.


En fin, todo es mejorable, sólo hay que proponérselo.