Desarrollo sostenible

Un año más por estas fechas vemos cómo la altura alcanzada por la hierba nos asegura un verano plagado de incendios. Mientras que la hierba crece sin que nadie se la coma, el ganado (que ya no pasta) vive encerrado en corrales donde es alimentado con grano (lo cual supone tener que cultivar enormes de extensiones para este fin) y con piensos de dudosa reputación. Por otro lado, en los olivares se prefiere fumigar con miles de toneladas de veneno para acabar con la hierba, que dejar que sea el ganado el que la mantenga a raya, a la vez que se produce carne y leche en perfecto equilibrio. El veneno “limpia” el suelo del olivar dejándolo completamente muerto y a merced de las lluvias torrenciales que un año más volverán a anegar de barro algún pueblo. La gente llorará la tragedia, pero al año siguiente volverán a usar el veneno. Y así todo. ¿Cómo era aquello?… ¡Ah, sí!, “desarrollo sostenible”. ¡Qué gracioso!